Fuimos buscando y hallamos coyotes

(De Juliana Spahr)

Y ahí estábamos.
La luz ese otoño era un tanto dorada.
Los árboles sujetaban sus hojas más tiempo del usual y era cálido de un modo fresco
Había una bruma o niebla o humo que nos retenía.
Y caminamos con esta bruma o niebla o humo y también dentro de ella y la respiramos, profundo.
Nos cubría. Desde dentro.
Ese invierno vino el lobo.
Vino a nosotros. Vino cerca de nosotros. Caminó hacia esta niebla del nosotros.
Tenía dos años y medio y era el primero en regresar.
Estaba solo. Vagando por las montañas. A través de las autopistas. Por entre los bosques.
Iba de un lado a otro. Solo.
Buscaba a otros.
Otros que no serían encontrados.
Y aún así era fraterno, lo notamos, retozaba con los coyotes.
¿Qué más podía hacer?
Era único, no como en El elegido, sino como en uno de los no erradicados.
Lo llamamos OR7.
Ese invierno, mientras OR7 caminaba adonde estábamos, aunque sin ningún deseo de estar con nosotros, esperamos que la bruma, la niebla, el humo se convirtieran en lluvias repitiéndonos el uno al otro que las lluvias ya venían, seguro las lluvias ya venían.
Pero las lluvias nunca llegaron.
O llegaron tan tarde que apenas las notamos.
Cuando llegaron, pusimos una lona y esperamos que pasaran.
Juntos. Ahí. Bajo la lona. Unos pocos minutos. Irregular, ahí. Pero ahí. Juntos. Quietos.
La lona es una versión de lo que importaba. Juntos.
Ese invierno casi todos éramos hombres.
No al principio, sino después,
al principio es difícil decir.
Éramos tantas cosas.
Esa era la idea.
Sin embargo al final, para el invierno, casi todos éramos hombres.
Y aquellos que no eran hombres se agrupaban irregularmente alrededor de cada uno.
Aunque todavía aprendiendo. Quietos. Juntos. No teníamos otra opción.
Ese invierno reemplazamos la palabra “interés” por “amor” cada vez que la usamos.
Ese invierno sólo rimamos y rimamos. Juntos. Usando palabras. Juntos. Ese invierno todo escrito de repente en nuestros pentámetros, nuestros alejandrinos, nuestros pareados heroicos, que solían ser una linea queda basada en una oración asociativa, una en deuda con la lírica, en la que el nosotros estaba en lugar del amado, aunque casi nunca hubiera una descripción de este amado, ni una aparición de sus rojos labios, de sus pechos firmes, de la suavidad de su piel, dejando un tipo de atmósfera genérica.
Puedo decirte las otras cosas también.
Una influencia europea.
Una influencia de Medio Oriente.
Una lista de pequeñas batallas.
Un sentimiento de que eso no era nada. No espera, algo. No mira, nada. Posiblemente algo. No. Nada.
Admitámoslo.
Perdimos todas las pequeñas batallas, incluso la así llamada guerra de las relaciones públicas.
Pero ese invierno, estuvimos ahí.
Bajo una lona. Cerca. Juntos.
Solo lidiando. Juntos. Fuimos buscando y hallamos coyotes.

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