Mexicano no es una raza

(por Chris Chen y Wendy Trevino, tomada de The New Inquiry)

Con la reciente publicación de una plaquette de sonetos, Brasileño no es una raza, la poeta Wendy Trevino indaga una historia de violencia racial en las fronteras de EE.UU. y allende. La plaquette también describe una infancia en el Valle de Río Grande donde la narradora es presionada para internalizar las jerarquías sociales que organizan la vida diaria en Harlingen, Texas.

Desdibujando los límites entre polémica y descripción histórica, los poemas rastrean las raíces de estas divisiones sociales a través de una herencia de violencia asesina de estado y de establecimiento de fronteras. Pero Trevino equilibra este recuento con una contra-historia un poco menos conocida de la resistencia de la militancia tejana, encarnada en figuras como el anarco-sindicalista Ricardo Flores Magón. Al presentar ambas historias, el trabajo muestra cómo el establecimiento de fronteras solidifica los presupuestos racistas del “sentido común” a lo largo del tiempo, también cuestiona programas de estados latinoamericanos que son en escencia anti-negrxs y anti-indígenxs y que persiguen cultivar la unidad cultural a través de la “mezcla de razas”. Atenta a la aparición de jerarquías raciales en la historia de la esclavitud y las colonizaciones española e inglesa en América, la escritura de Trevino regresa a un pasado decolonizado donde la unidad no es una precondición para la acción política, sino un producto de ella.

Chris Chen. Pensé que sería útil para lxs lectorxs que se acercan por primera vez a tu trabajo el preguntar un poco sobre el lugar donde creciste: Harlingen, Texas. Tu reciente plaquette, “Brazileño no es una raza”, comienza con el recuento de algunas experiencias de la infancia de oponerse a las jerarquías sociales cotidianas en una parte de Texas que podría parecerles culturalmente homogenea a lxs fuereñxs. Una de las primeras cosas que me sorprendió de esta plaquette es cómo rechaza “hacer menos complicado/el amor & el odio” al minimizar esas divisiones.

Wendy Trevino. Primero es importante comprender que el Valle del Río Grande, donde yo crecí, solía ser parte de México y que al día de hoy la población de 1.3 millones de personas es algo así como un 90% latinxs. La gente habla de él como si fuera el lugar donde mexicanxs, o américo-mexicanxs dependiendo de con quién hables, pueden evitar la racialización y asimilación a la cultura blanca, porque son muchxs lxs que comparten esas identidades. Pero esas identidades no deberían ser confundidas con categorías coherentes de gente en relación a raza, clase, política y religión.

El mito de la unidad racial o morena se resquebraja cuando es puesto bajo un escrutinio elemental. Por ejemplo, lxs nacionales mexicanxs gastan cerca de 4.5 mil millones de dólares al año en compras a lo largo de la frontera de Texas. En McAllen y Brownsville, las compras transfronterizas ascienden a un 30-40 por ciento del total de ventas al menudeo, y lxs clientes suelen ser parte de las clases pudientes de México (al menos pre-Trump). Pese a esto, la tasa de pobreza en Hidalgo County y Cameron County (de los que McAllen y Brownsville son parte respectivamente) está por encima del 33%. La tasa pobreza infantil está por encima del 45%. Justo del otro lado de la frontera, en McAllen y Brownsville, Reynosa y Matamoros respectivamente, hay 247 maquilas con 174’000 empleadxs que ganan en promedio un poco más de 2 dólares por hora. Y cada año, cientos de miles de mexicanxs y centroamericanxs arriesgan sus vidas al cruzar “ilegalmente” esas fronteras.

Parte de lo que intento mostrar en mi trabajo son este tipo de divisiones de clase entre una población supuestamente homogenea. Lxs mexicanxs adineradxs llaman a lxs méxico-americanxs “pochxs”, un término derogatorio que enfatiza la falta de fluidez en español de lxs méxico-americanxs. Por otro lado, lxs méxico-americanxs se refieren a lxs nacionales mexicanxs como “fresas”, un término que siento que habla de un antagonismo de clase.

Habiendo crecido en el Valle siempre he tenido esta sensación de jerarquía dentro de lxs mexicanxs, una categoría coloquial que incluye mexicanxs de México así como méxico-americanxs. Por mucho que lxs anglos locales quieran tener a lxs mexicanxs por una sola cosa, claramente no lo somos. No quiero hacerlo parecer como si hasta arriba de la jerarquía de mexicanxs hubiera nacionales mexicanxs ricxs y debajo todxs lxs demás. También hay mexicanxs ricxs que realmente fueron méxico-americanxs.

Debería decir que no pienso que esta sobresimplificación de quiénes forman parte de la categoría mexicanx en el discurso de las relaciones de raza en el sur de Texas sucede sólo porque lxs anglos quieren que lxs mexicanxs sean una cosa. El modo en el que esta simplificación oscurece las divisiones raciales y de clase trabaja a favor de cualquiera que quiera mantener relaciones económicas disparejas. Espero que mi trabajo aclare que lxs anglos no son lxs únicxs que tienen algo qué ganar al mantener la estratificación social en el sur de Texas. Hay colaboradorxs méxicanxs y anglo-mexicanxs que también tienen algo qué ganar.

Chris Chen. Los poemas parecen cuestionar cómo el discurso antiracista sancionado por el estado puede terminar por reforzar las jerarquías raciales coloniales a través de un lenguaje de hibridación. Parece especialmente oportuno considerando que parece haber un movimiento para re-biologizar la raza y concebir la cultura como llevada en la “sangre”. Estoy pensando en la popularidad de sitios como ancestry.com, que se promociona como “Descubre lo que te hace especialmente tú”. Tu plaquette aborda las políticas del mestizaje en Latinoamérica, un discurso racial con raíces en el lenguaje de la botánica y la eugenesia. Los poemas parecen bastante críticos con el legado de José Vasconcelos, por ejemplo.

Wendy Trevino. La falta de uniformidad en el modo en el que la palabra “hispanx” es generalmente usada podría explicar por qué el académico Vera M. Kutzinsky escribió en Sugar’s Secrets: Race and the Erotics of Cuban Nationalism que “[el mestizaje] queda tal vez mejor descrito como una forma peculiar de multiculturalismo -una que ha circulado en el Caribe y en Hispanoamérica, muy notoriamente en Brazil”. Aun cuando sea usada distinto por Kutzinsky, hispanx es una forma muy popular de referirse a sí mismxs para la gente de ascendencia mexicana en Texas. Es un modo de minimizar sus raíces no europeas, de manera consciente o no.

Chris Chen. Sé que Vasconcelos y Gloria Anzaldua tienen diferentes entendimientos de las implicaciones políticas del mestizaje. Recuerdo al crítico Jared Sexton refiriendo cómo la versión del mestizaje de Vasconcelos preserva un orden racial anti-indígena y anti-negro como un “sueño de integración global inequívocamente jerárquica” cuyos “impulsos e implicaciones eugenésicas son inevitables, proyectando largas sombras sobre la amenaza (por limitada que sea) que presenta al ‘absolutismo étnico’ de la supremacía blanca Anglo-Saxon”.

Wendy Trevino. Durante la “construcción nacional” en México y Brasil, las élites promovieron fuertes ideologías de mestizaje que imaginaban que el ciudadano prototipo de cada país sería de razas mezcladas, aunque la mezcla imaginada en cada país fue diferente. Decir que un país o un lugar es racialmente homogéneo porque todxs son una “mezcla” de las mismas personas es reconocer que existen divisiones raciales sin reconocer las jerarquías raciales de las cuales provienen., y en tanto que haya prisiones, plantaciones, maquilas, favelas, etc, uno sólo puede ignorar estas jerarquías y su relación con la racialización de las personas. Esta concepción de mestizaje también puede borrar grupos enteros de gente, cosa que me quedó clara cuando regresé a Borderlands de Gloria Anzaldúa y la historia de la Malinche.

La Malinche fue una mujer nahua que sirvió como intérprete al conquistador español Hernán Cortés. De acuerdo a la leyenda, ella también fue madre del primer hijo mestizo (el hijo de Cortés), una persona con mezcla de ascendencia europea e indígena, y en ese sentido ella es la madre de la gente mexicana. El modo en que su nombre es usado en el Valle es cuando una persona es acusada de ser un(a) traidor(a); ya sea en broma o no, pueden ser llamados “Malinche”. Anzaldua no la ve como una traidora sino como una sobreviviente, no como la razón de la caída del imperio Azteca sino como la razón de la supervivencia de su cultura en el presente. Ya había pensado que es extraño que Anzaldua nunca usa la palabra “violación” al contar la historia, pero después de leer a Eduardo Galeano, ver algo de Black in Latin America, y luego volviendo a Anzaldua, me quedé pasmada por su desatención a supresión de la leyenda de la gente africana, que han estado en México desde Cortés. Anzaldua dice en alguna oración en Borderlands que lxs mexicanxs tienden a no lidiar con su ancestría africana, lo que hace su desatención al tema todavía peor, o extraña por decir lo menos.

Intentando explicar esta desaparición terminé en La raza cósmica de Vasconcelos, un texto referido por Anzaldua en Borderlands por su “inclusividad”, sólo para descubrir que él apoyaba la “mezcla racial” pero teniendo como una de las metas borrar literalmente a lxs mexicanxs negrxs. Incuso usa la frase “eugenesia estética” cuando habla sobre cómo creía que el México Negro desaparecería en unas cuantas décadas.

Chris Chen. Pienso que esos conceptos -raza, etnicidad, nación y cultura- suelen ser amalgamados en el discurso popular en modos que pueden ser bastante confusos y rebatidos. Suele no haber ningún esfuerzo por distinguir entre identidades impuestas y por afirmación, o diferenciar entre los distintos proyectos políticos en relación a los cuales quedan definidas dichas identidades. El modo en el que describes la discordante relación entre raza y cultura es para mí uno de los pasajes más sorprendentes de la plaquette: “Somos quienes somos / para ellos, aun cuando no sabemos quiénes / somos para cada uno & la cultura es un / registro de nuestra búsqueda”

Wendy Trevino. Creo que es importante entender que la identidad racial es primero y ante todo una imposición, un “nosotrxs” no definido por nosotrxs -que podríamos tener menos que nada en común- para hacer”nos” legibles a los colonizadores, esclavistas, capitalistas, al estado -en torno al cual “nosotrxs” estamos racializadxs. Pienso en cómo el tráfico transatlántico de esclavxs abdujo gente de diferentes etnicidades, gente que habla diferentes lenguajes, gente con diferentes religiones y tradiciones e impuso en ellxs -aquellxs que sobrevivieron- una sola identidad.

Por supuesto esto no es el fin de la historia. Este “nosotrxs” también es negociado por nosotrxs. Al pensar de este modo, es muy difícil para mí no sentirme incómoda con la adopción de Vasconcelos y Anzaldua de un “nosotrxs” emancipatorio, basado en una identidad multiracial compartida, para aquellxs de herencia mexicana -como si la racialización, inculturación y (siendo realistas en el caso de Anzaldua) la aculturación fueran la misma cosa. Y sí, la ofuscación subsecuente de esas negociaciones de las que hablo es un gran problema si nuestra meta es la erradicación del racismo.

Chris Chen. Cuando los poemas excavan en la vengativa visión del “Plan de San Diego” de 1915 (el plan revolucionario propuesto por radicales del sur de Texas para arrebatar el sureste de los Estados Unidos capitalistas), o siguiendo al radicalismo político de figuras como Ricardo Flores Magón, la plaquette parece dar un giro hacia una relativamente menos conocida historia de grupos mexicanos y méxico-americanos en el sur y sureste de los EE.UU., incluyendo los Magonistas y participantes de la Revolución Mexicana de 1910, que coordinaron una respuesta militar a los linchamientos y masacres llevadas a cabo por vigilantes, tropas federales y los rangers de Texas.

La primera vez que leí sobre el “Plan de San Diego” fue en un discurso de 1976 del Movimiento 29 de Agosto, una organización comunista chicana de Los Ángeles, que intentaba rastrear en este movimiento político de inicios del siglo XX en el sureste de los EE.UU. un ejemplo de una política combativa y simultáneamente anti-racista y anti-capitalista. ¿Por qué te interesaste en esta historia?

Wendy Trevino. Veo la tradición radical en la que Ricardo Flores Magón y el “Plan de San Diego” juegan partes tan significativas como un modelo de lucha mucho más promisorio que las celebraciones de hibridación ofrecidas por Vasconcelos y Anzaldua. Como ya he mencionado, las únicas negociaciones que creo que son posibles entre lxs administradores de la raza y aquellxs que son racializados, requieren que aquellxs que son racializadxs regresen la violencia infligida sobre ellxs. La tradición radical por la que me inclino va incluso más allá. No está interesada en “negociar”, sino que busca abolir las relaciones de poder existentes por completo. Esta tradición demanda que luchemos para cambiar literalmente quién es ese “nosotrxs” al cambiar las condiciones en las que ese “nosotrxs” es reproducido. El Plan de San Diego reconoció las jerarquías sociales a la par que daba cabida a la génesis de otra identidad basada en una lucha compartida, una identidad no basada en algún mito de homogeneidad racial, sino en solidaridad en la lucha.

Chris Chen. La reinterpretación de Vasconcelos de Anzaldua parece ser un buen puente para una pregunta que te quería hacer, que digas un poco más sobre cómo la figura de la Malinche funciona en estos poemas y cómo ves la redefinición de las feministas chicanas como Anzaldua -y Cherríe Moraga o Adelaida del Castillo- del significado de la figura de la Malinche como una clase de “traidora racial” prototípica.

Wendy Trevino. Creo que esta plaquette está muy interesada en la importancia de una política compartida y en cuánto espacio está permitido para la divergencia. Los debates políticos dentro de los grupos no blancos no suelen apuntar a las divisiones de clase o género, por ejemplo, o a la posibilidad de que una podría estar equivocada a veces, sino a “deslegitimar miembros de la comunidad”, o a gente que ya no cuenta o nunca contó como miembro de la comunidad. El estado y las organizaciones sin fines de lucro aman esta diversión. Se reproduce cada vez que nuevxs políticxs o activistas sacan la figura del “agitador externo” blanco seduciendo a las comunidades de color a protestar o a confrontar a la autoridad. Estos estereotipos y supuestos funcionan principalmente para mantener el status quo racial.

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